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Carta póstuma a mi padre

Carta póstuma a mi padre

Autora: Araceli Cantero*

Querido padre:

Aunque ya no estés con nosotros quiero, desde donde estés, darte las gracias por todo padre.

El mejor de los hijos y hermano, hoy yo quiero contar algunas de mis vivencias, esas vivencias que jamás olvidaré.

Tendría yo pocos años, allá por los 60, salí del colegio que me pillaba bastante lejos de casa. Comenzó a llover muy fuerte y como eran años de muchas carencias materiales no tenía paraguas, los zapatos se me calaron de tal modo que los pies se me pusieron empapados. Me refugié en un portal viejo y, pasaste tú, que venías del trabajo y yo te dije:

-¡PAPÁ!
-¿Qué haces aquí?
-No tengo paraguas y los zapatos se me han roto.

Me refugiaste en tu regazo y ya en casa, mamá me dio ropa seca y tú le dijiste, esta misma tarde le compras unos zapatos y que no vaya hoy al colegio.
Aquel día comprendí que era la persona más rica del pueblo por tener una buena familia donde estan todos esos valores.

Y ahora yo me pregunto: ¿Que nos ha pasado?,¿Dónde están todos esos valores?, ¿Por qué no nos conformamos ya con nada cuando la verdadera felicidad es ayudar a los demás y agradecer lo que la vida nos ha dado?

Lo que de verdad importa y tiene valor son los sentimientos, y con esto doy a entender que te estaré eternamente agradecido por todo lo que me enseñaste a valorar, ¡GRACIAS!

Un ejemplo de ello fue el día de mi primera comunión. Tu regalo no fue nada de las cosas superficiales con las que se llena a todo niño de hoy en día. Fue el simple hecho de volver la cabeza y verte ahí, aun teniendo que estar trabajando, cosa que era muy importante en esos tiempos. Otro ejemplo, fue un año que tuviste que coger vacaciones, algo impensable para nuestro nivel económico, por el simple hecho de que me operaban y quisiste estar conmigo. Ya de mayor, por motivos ajenos a mi voluntad supiste poner primero tu amor de padre y me arropaste para que yo me sintiera segura.

Gracias por todo, porque ya quisiera mucha gente ser la mitad de rica que yo he sido al tenerte a mi lado.

* En amorosa memoria de Miguel Cantero Artacho

Imagen de ctoverdrive via Flickr

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El amor valiente

El amor valiente

Autora: María Zunzunegui Franco, 2010

Conocerse es conocer el universo. Todo está dentro de uno.
El Amor se comporta como lo hace Dios, sólo se entrega al servidor más valiente.
El Amor en sí es ya valiente.

Hubo un tiempo lejano, antes de la última creación, en la que los hombres amaban a las mujeres y las mujeres amaban a los hombres sin restricciones. Cómo en un cuento de hadas intentamos restituir una situación anterior más bella y plena.

Y para ello necesitamos al héroe (el intento) y al causante del caos (lo que nos bloquea), al sabio (maestro interior) que guía al héroe, al dragón (ego) de mil cabezas y que la flor cautiva (el dios/diosa, la shekinah) vuelva a respirar libre y expandirse. Y todo es necesario para seguir creciendo, todo es un intento por lograr una nueva síntesis de la vida.

Logos (comprensión) y Eros (estar vinculado) en unión. Se trata de vinculación consciente. El Logos es solamente ideal cuando contiene al Eros, de lo contrario, el Logos no es en absoluto dinámico y se transforma en seco racionalismo; y el Eros que no posee Logos no comprende; ahí no hay más que vinculación ciega.

¿Qué ha pasado?

Actualmente los seres humanos se intercambian y comunican en un juego de egos. Se sobrestima el valor de lo inválido por perecedero e irreal, antes que lo profundo del conocimiento de lo interno. Nos hemos olvidado de, por una vez, dejar de jugar para verdaderamente empezar a jugar con conciencia o sólo jugar cuando queramos como un niño.

La catexis que se produce en pareja, más por un miembro que por el otro, certifica el intento de unificar los arquetipos femenino y masculino en uno sólo, con Adam Kadmon. Esa es la gran alegría que sobresale de tanto intento fallido y sufrimiento. Detrás de un gran amor se esconde el intento de todo espíritu de regresar a la unidad, la integración de los opuestos para dejar de necesitar lo que el opuesto tiene y poder amar con libertad. Sin embargo, de forma errónea se proyecta en el otro la propia extensión del yo. Sin esa parte que ya se ha fusionado con uno mismo, sentimos el desgarro de la pérdida de lo que queremos reencontrar en nosotros mismos, las cualidades exentas de neurosis del hombre y la mujer en único ser, el nuestro propio, manteniendo la individualidad y siendo completamente selectivos a la hora de incorporar en nuestro mecanismo lo necesario para la unificación plena. Así descartamos aquellos componentes neuróticos o vivencias que excluyen o interfieren la verdadera naturaleza de cada parte, que obstaculizan el camino, pero solamente cuando ya las hemos identificado en lo profundo, porque su conocimiento y posterior renuncia ayudan siempre al aprendizaje para la unificación. Y esto ocurre cuando se ama, con amigos, familia, compañeros, enamorados y amantes, con ángeles y hadas, con demonios, con seres sutiles y almas reconocidas y con el espíritu también.

Carlos de León, en su publicación, Meditación Bíblica, afirma que no hay diferencia entre el acto de amar del que ama y el objeto amado, pues de nuevo es la unidad: no hay un sujeto, un objeto y una acción, sino una integración total en la que el amado es el que ama. Es decir, el amado es el que ama y viceversa. Y a esto me refiero con el concepto de totalidad y en el que se incluyen la, fe, la esperanza, la belleza, la libertad y la verdad. El amor lo engloba todo. Sólo en la unidad puede uno conocer la divinidad del estado superior, que pertenece al humano y que es libre de él.

La unificación de hombre, mujer como cualificados superiores al humano en sí, proviene de una necesidad inherente al ser humano, casi divina de comprensión del todo. Un hombre o una mujer que se permitan explorar lo interno de cada uno, para construir un self integrado, podrán ya amar sin necesitar, puesto que los polos se han unificado, ánima y ánimus se disuelven en algo superior que permite una extraordinaria madurez, una gran independencia y la seguridad empática hacia una mismo y el otro como parte de nosotros. La estrategia podría ser integrar en nosotros mismos lo que creemos que sólo el otro nos puede dar, así y paradógicamente, se produce una entrega total, porque desaparece el miedo a la pérdida, o se puede observar ese miedo dejando de hacer lo que nos dice. Y se hace extensible al mundo, a todas las personas y cosas, al universo ilimitado, a lo que se ve, lo que se siente, a lo que se piensa, lo que se intuye y vibra, o a lo muerto y a lo que se es.

El Amor verdadero se fundamenta en una entrega total a uno mismo, siempre que el individuo trabaje en pro de una introspección, trabajo arduo por otra parte, que permita un desapego total de lo concebido como real en cuanto a patrones de comportamiento propios y heredados que generan grandes necesidades y exigencias extremas de los unos hacia los otros. Mantener la individualidad es el principio básico para no violar la individualidad del otro, aunque muchas veces sea necesario perderla por completo sin sabiduría para poder retomarla más auténtica y más verdadera y sabia que antes. El amor resulta de la entrega a uno mismo y ésta surge poderosa tras la entrega total a los demás, para retornar al centro.

Dentro de cada uno de nosotros existe un universo ilimitado que se compone de toda la creación desde el origen. La exploración de todas las partes inclina la balanza hacia la justicia y la empatía, hacia la compasión, el acompañamiento de uno mismo con los demás en un camino incierto, hacia la comprensión, hacia un amor divino. El reconocimiento y la aceptación de todo lo que configura nuestro ser, nos permitirá, sin duda alguna, conocer y comprender a todo lo que proyectamos. Nos permitirá dejar de juzgar en polaridades, dejar de valorar. Y crear una individualidad que es libre.

Amar también significa dejar atrás. Si presuponemos la entrega a uno mismo, en todos los niveles, tendremos que aceptar también nuestras necesidades personales humanas, nuestros gustos y preferencias. Pero siempre es necesario conocer para descartar. No se puede descartar antes de conocer.

Un proceso de individualización constante, sin detenimiento en ninguna parte, provoca el resurgir de un ser sin nombre, que la propia persona, natural y espontánea, posee dentro de sí en completa libertad, que defiende su derecho a existir como tal, su derecho al contacto, su derecho a experimentar, a ser tal como es, a necesitar, a tocar, a ser sano y feliz y a ser honesto y sincero consigo mismo y por ende, defiende los derechos de los demás.

Carl Gustav Jung en su libro Sobre el Amor se pregunta qué es el Amor.

Yo también.

El autor diferencia entre distintos tipos de amor; el amor, al prójimo, con tintes filantrópicos en sentido cristiano y budista, el amor a la patria y otras instituciones como la iglesia, el amor materno y el filial. También el amor de los esposos, que según el autor se extiende entre la esfera del espíritu y el instinto donde la parte pura de Eros se excita hasta convertirse en el fuego y la sexualidad y, por otra las formas de amor ideales se mezclan con las fuerzas del poder personal. La belleza y la verdad de la fuerza amorosa se pone de manifiesto tanto más plenamente cuanto mayor cantidad de instinto sea capaz de contener, siempre que el instinto no sofoque al amor y viceversa.

Y a eso es lo que yo llamo la unión de opuestos en todos los ejes, lo animal, lo humano y lo divino, fusionados en un todo integrado, sabio y fuerte de lo que resurge como Ave Fénix, lo único que existe y que podemos hacer: amar.

Un self consistente ha fortalecido el yo hasta tal punto que ha reinventado en positivo toda su existencia para encontrar un aprendizaje. Continúa reinventando sus percepciones y saca fruto de ellas porque quiere ser libre,desidentificado y armonioso y quiere ser capaz de tomar las riendas de su vida responsabilizándose de sus decisiones. Acertadas o no, son suyas. Es valiente porque puede sentir miedo, es fuerte porque sabe que puede caer en cualquier momento, tiene esperanza porque sabe que la puede perder en la caída pero continúa en su interior y es fiel a sí mismo porque es lo único que tiene. El curso de individualización continuado posee dos aspectos centrales: es un fenómeno de integración interno, subjetivo; por un lado, y por otro, un fenómeno imprescindible de relación objetiva. Ambos aspectos en intento de consenso continuo. Y eso es amar. Eso es amarse. Aunque no soy capaz de dar dar una respuesta válida ante la pregunta sobre el amor, porque diga lo que se diga ninguna palabra puede explicar la totalidad.

Como afirma Jung:

“El Amor es la luz y la tiniebla del hombre cuyo final no alcanza a ver. El Amor no acaba nunca, incluso si hablase las lenguas de los ángeles o si persiguiese con rigor científico la vida de la célula hasta su fondo más recóndito. Puede documentar el amor con todos los nombres que estén a su disposición pero solamente se perderá en infinitos autoengaños. Si posee un grano de sabiduría rendirá las armas lo que constituirá una confesión de inferioridad, imperfección y dependencia, pero a la vez un testimonio de su libertad de elección entre la verdad y el error”

Para finalizar únicamente señalar que el amor facilita el crecimiento y lo permite, que se manifiesta en conciencia real y aceptación total del devenir de la vida y la muerte. Es lo único que nos queda después la batalla del todo junto con la conciencia de la experiencia, lo que no se puede explicar y solo es. Y no aportaré ninguna conceptualización más porque siento que no se puede explicar con palabras. De todo el verbo escrito al respecto, por poetas y filósofos, psicólogos y personas como madres y esposos o amantes, de las mías no expresadas, concluyo que es la energía vital sanadora que impulsa al crecimiento, a la felicidad y a la entrega, que no se reconoce con objeto alguno, que es independiente y que se proyecta en un continuo presente. La comunión total es en amor; ese amor es la totalidad, y no he encontrado palabra que la defina por su grandiosidad y simpleza conjuntas.

Así que pido que el Amor nos bendiga y nos guíe,
que el Amor inunde nuestros cuerpos,
que se manifieste.
Y que lo podamos ver.
Amén.

Foto de Fe Ilya vía Flickr

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Crónica de una mujer ex tapete

Crónica de una mujer ex tapete

Escrito por: Nicté Bustamante

Para todas aquellas mujeres u hombres que son, fueron o serán tapetes.

31 de diciembre. Las doce campanadas suenan, todos con alegría cuentan sus deseos. Mientras yo repetía el mismo: “Deseo ser feliz”, así doce veces. Yo no sabía que la llegada de ese año nuevo cercenaría la vida de mi padre, tampoco sabía que ese mismo año obtendría la libertad.

Sí, me encontraba presa, trabajaba nueve horas, cargaba cajas, me escurría de la lluvia. Mi labor agobiante y pesada mantenía el hogar en su totalidad. La retribución económica lo valía, pero mis zapatos estaban rotos y mi ropa era de segundo uso. Yo no era consciente de lo que pasaba, apenas alguien lo podría creer, porque soy una mujer hermosa, inteligente y amable. Sin embargo, me encontraba sumida en lo hoy conocemos por violencia familiar, lo más curioso es que yo no podía darme cuenta.

El cambio comenzó cuando descubrí que no era feliz. Descubrí que no me reconocía a mi misma en el espejo. No supe el día que me extravié. Empecé a buscar mi felicidad por todos lados. Sin resultados. Sentía un agobio constante; dolores de cabeza profundos; dolor de espalda intenso; en ocasiones no quería levantarme ya de la cama, y veía la televisión sin entender los programas, como si me hablaran de lejos.

Un día, sin pensar, le dije a mi madre que me separaría. Con sigilo tramité las actas de nacimiento de mi hija; investigué, miraba todas las instancias posibles. Con el apoyo de mi madre, recién viuda, y de mi hermana comencé a dar los pasos para alcanzar mi objetivo, mi libertad.

Recuerdo cuando por fin tomé el teléfono y le dije a mi madre: “Mamá, ven por mí, hoy me voy a ir”. A escondidas saqué lo necesario para mi hija y para mí. Sufrí, verdaderamente, al dejar atrás los libros que tanto trabajo y pleitos me habían costado reunir y que me acompañaron y mantuvieron cuerda durante mis seis años de cautiverio. Una perra bóxer me miraba, no podía dejarla ahí, del coraje seguro la mataría, pues era mi perra, las gatas correrían la misma suerte, pero no podía con todo. Mis manos temblaban, el miedo de que regresara de pronto helaba mis venas, no podía imaginar lo que pasaría.

Unas bolsas de plástico. Mis libros regados. Mi mente nublada. Yo temblaba mientras esperaba que mi madre llegara. Miré el enorme televisor que él había “comprado” (lo pagó, claro, con mi dinero). Una enorme pecera, también “subsidiada” por mi trabajo. Pensé en mi lavadora, mis muebles, mis figuras de jade. Tomé mi mercancía, pues de ella sobrevivía, mi escasa ropa vieja que después sería substituida casi en su totalidad, la ropa de mi hija corrió la misma suerte. Por fin llegó el automóvil de mi madre. Rápidamente eche todo en la cajuela. En verdad tenía miedo.

Mi hija tomó a bien el que su papá viviera en otra casa, así no se enojaría tanto. Una casa nueva que tuvo que ser abandonada al poco tiempo por las rabietas de papi.

Después vino la persecución. Cuarenta llamadas en una noche. Los constantes pedidos de ayuda a la patrulla. Los policías me regañaban, me decía que no debía permitirle la menor amenaza pues eso me ponía en riesgo. Visitas a psicólogos, ministerios públicos, luego los peritajes. Mi pregunta era: “¿Cómo defenderme?”. La respuesta: la denuncia. Me decían: “No deje de denunciar nada, camine por la calle, no tenga miedo”. El perito en psicología me explicó los patrones de la violencia: casi no daba crédito al resultado de un cuestionario, cubrí casi el 82 % de violencia, sabía que existía, pero él siempre la minimizó y ponía ejemplos ajenos.

Los golpes no es el único indicativo de violencia, puede no haberlos, pero las amenazas, humillaciones, cuando no te hace caso, cuando te chantajea o te coacciona, es decir, si no haces esto, entonces haré aquello; decir que eres una amargada, no aguantas nada, exageras de todo; las groserías; hacer como que te pega; enojarse cuando no se deseas tener sexo; crear constantes conflictos, en fin, es una larga lista que parece no tener fin.

Desde el día de las bolsas de plástico y mis libros perdidos al día de hoy, ha pasado año y medio. El trabajo para reconocer la violencia ha sido intenso, incluso después de separada lo seguía justificando y defendiendo. Nos volvemos cómplices de nuestro maltrato.

Hoy por hoy inicié mi carrera. Sigo caminando por las calles mirando dos veces por todos lados, camino de la mano siempre con mi hija en lugares transitados, evito parques, lugares de difícil acceso, tianguis. Siempre tengo mi celular casi en la mano para pedir auxilio, aun así la última vez me lo arrebató fácilmente. Veo cuando desde un coche alguien me observa (así he alejado a muchos pretendientes). Estoy por abrir mi negocio y elegí el lugar de manera que él no pudiese tener fácil acceso.

Últimamente, a partir de mis publicaciones en SDP algunas mujeres que me conocen me han solicitado directamente que hable de este tema, otras han estado comentado al respecto. Esta es la razón por la que elegí escribir un resumen, un fragmento pequeño de mi historia, no espero solucionar un problema, ni dar propuestas, ni decirles nada nuevo a las mujeres que todavía son tapetes sobre cómo dejar de serlo. Tampoco espero que me digan lo fuerte que soy, ni lo noble, ni valiente, etc. El hecho es que al ser víctima de la violencia, en cualquiera de sus expresiones, se transforma tu vida.

Una mujer, o un hombre, después de someter su vida a las condiciones de otro, suele tomar mucho tiempo para recuperarse. Si después de leer mi crónica alguien se da cuenta de las semejanzas que encuentra con lo que vive, créanlo, jamás le diré: “¡Para que se deja!” Entiendo lo complejo del caso. Para mí, una mujer con algunos recursos y herramientas, dejar en el pasado este tema y comenzar a superarlo ha sido sumamente difícil. Seguramente, para una mujer con menos recursos, sin apoyo familiar y, muchas veces, sin estar siquiera en su tierra, es aún más complejo. Una persona profesionista también puede ser víctima.

Uno no es consciente cuando empieza, pero si cuando termina. Estas historias tienen sólo tres final esposibles:

  • Terminar en medio de luchas descarnadas que, algunas veces, culminan con el robo de los hijos por parte del padre o madre o “del agresor”.
  • Por la muerte violenta de alguno de los dos.
  • Por una enfermedad derivada del nivel de estrés en el que se vive o de los golpes producidos en el pasado.

Y lo peor de todo, pese a haber terminado con la relación, si uno no concientiza y trabaja el factor patológico que le hizo propenso a este tipo de relaciones, vuelve a ser partícipe de una nueva relación de este tipo, de menor o mayor intensidad, pero dañina.

Un saludo a todas las mujeres y hombres que han sido, son o serán “tapetes”, siempre hay un camino, pero es bien difícil tomarlo. Yo hoy me siento bien, pasé noches de terror, que hoy se están superando, las pesadillas me aquejan de vez en cuando, pero día a día me siento mejor conmigo misma, con mi trabajo, con mi escuela, con mi hija, con mis amigos y todas aquellas personas que me han apoyado en este duro camino, principalmente con mi familia. Veo cómo se reconstruye mi vida, me estoy recordando a mí misma.

Sólo el “tapete” decide ponerse en pie y dejar de serlo. El que pisotea puede hacerlo la vida entera y se seguirá justificando. Veo a la gente que amo y que comparte patologías de “tapete”, como se están dando cuenta de su condición y cómo toman cartas en elasunto.

Si al leer esto quieres dejar de ser pisoteada o pisoteado, no acudas a mí. Existen ministerios públicos, abogados de oficio, centros de ayuda a víctimas de violencia, pregunta, investiga, habla, nunca te quedes callada o callado. Siempre habrá quien te ignore o se burle de ti, pero también vas a encontrar aquella persona que te abra la puerta y te diga: “¡Yo te ayudo!” No dudes, toma todas las medidas de precaución. ¡Pero hazlo!

De acuerdo a las estadísticas, una de cada tres mujeres vive, vivió o vivirá violencia, de cualquier grado a lo largo de su vida; las estadísticas señalan que la violencia en contra de los hombres es menor, tomando en cuenta sólo las denuncias.

Ps. Escribir esta columna me ha costado un par de lágrimas (aún me cuesta trabajo llorar). Si a ti no te reverbera esta historia mándala por Twitter o Facebook: a alguien le será útil. Si te identificas con el tema, repítete, además, todos los días: “Voy a ser feliz” y “Ya nunca más”, esas frases me han ayudado mucho para encontrar la salida a mi libertad.

Imagen de tanakawho via Flickr

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Hace tiempo encontré este video (en francés) que hace referencia al estilo de vida actual (de la casa a la oficina, día tras día) donde se pone poca o ninguna atención y cuidado a lo que nos sucede interiormente (lo que sentimos, lo que necesitamos) y se substituye por cigarros, alcohol, drogas y, en este caso, muuuchas tazas de café ;)

¿Será que a este personaje le hubiera servido ir a terapia?

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Acupuntura… (humor)

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El “estilo” de vida actual (y el café)

ShareVideo para reflexionar… VN:F [1.9.3_1094]  Gracias! Por favor espera un moment
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