La dura realidad

Escrito por Carol Río, de quince años.

Un sueño: Desaparecer.
Una impresión: invisibilidad
Una fachada: radiante
Una interioridad: bañada por el abatimiento
Una etiqueta: gorda

El mundo actual está caracterizado únicamente por la presencia de numerosas etiquetas, subjetivas pero absolutistas y generalizadas. Innumerables pero individualistas. Una fachada, un rostro de cristal, el cual aborrezco y deseo cambiar, hacer desaparecer… como sea. Ansias de superación, ganas de lograr mis objetivos, pero siempre con inmensas piedras que se interfieren en mi camino. El aspecto físico. Aparentemente, chica joven, de unos quince años, morena, de mediana estatura, pero “corpulenta”.

Una sociedad plural basada en las apariencias físicas y en una fachada superficial. Una sociedad basada en un aspecto subjetivo. Que paradoja, ¿no? Este mundo está regido por un aspecto que varía firmemente entre las diferentes personas y sus opiniones. Eso es lo que somos, apartando color de piel, estatura, peso, lugar de residencia, nivel adquisitivo o cultural… Personas, con una propia ideología, pero al fin y al cabo, personas.

Sin ni siquiera abrumarnos, y tomándolo como un aspecto cotidiano, el llamar a una persona de determinada manera, sin darnos cuenta de la realidad, para esa persona su aspecto físico se ha convertido en un impedimento y en un intruso para desarrollar firmemente y afianzadamente su vida social.

El hecho de superar barreras, de auto aceptarse y de lograr vivir feliz, es el objetivo final que toda persona debe afrontar en su larga y compleja vida. No todos lo conseguimos, no todos lo superamos, pero al menos, nos debemos de sentir orgullosos del hecho de haber aspirado a ello, de haberlo intentado…

En los tiempos que corren, una sola palabra: sobrepeso/obesidad/gorda… pueden hacer aparecer en una frágil e inocente niña de escasa edad y de aparente vida feliz, de excelente trayectoria académica, con aspiraciones y deseos, con inquietudes, con ansias de superación, en su frágil cuerpo aparentemente sano, una mente y una psicología enferma, que prescinde de la razón. Este elemento, la sociedad consumista, puede llegar a convertir a la indefensa e inocente niña en una víctima. Su víctima. Consumida por una enfermedad que la inculcaron desde la cuna con absurdas etiquetas y con absurda propaganda, con el fin de ser la número uno entre los consumidores de un cierto producto, a costa, de forma indirecta, de la salud de gente ingenua, como la niña.

Pero, ahora mismo, eso… ¿Qué importa? Un nombre, una edad, una familia… es únicamente un numero más que añadir al catástrofe ocasionado por la inminente globalización. Un número sin importancia. La muerte de una niña, la muerte y el derrumbe de su familia, de sus amigos, de su entorno, y eso solo hace constancia en un simple e insignificante número.” Veinte niñas fueron hospitalizadas el año pasado por sufrir bulimia o anorexia”. Y total, ¿para qué? Si al fin y al cabo no son más que un número, un número más para la crónica semanal. Esto singularmente me hace llegar a pensar en lo triste e insignificante que es la vida. El valor que realmente poseía le ha sido arrebatado. Así, sin más. El ansia de poder, de dinero, de fama… únicamente para cuidar y moderar el “que dirán”. ¿No se dan cuenta de lo absurdo y triste que es, en lo que se ha convertido el mundo y sus habitantes? Simples e insignificantes consumistas abrumados por el dinero y el poder, esos elementos que rigen y regirán el resto de su vida. De su triste y estereotipada vida.

About Francisco Aguirre

Psicoterapeuta que ofrece servicios de terapia individual para jóvenes y adultos en la Ciudad de México. Para hacer una cita o pedir informes, haz click aquí